Jaisalmer
- lectura de 3 minutos - 523 palabrasAunque técnicamente llegamos a Jaisalmer ayer y es verdad que estuvimos por el desierto para delicia de los indios, cuando la hemos visto es hoy. Jaisalmer es una ciudad pequeña en medio del desierto que inicialmente vivió del asalto a las caravanas de la ruta de la seda, posteriormente de su asalto fiscal vía impuestos y, cuando los ingleses desviaron la ruta a los grandes puertos y posteriormente se dividieron India y Pakistán, del contrabando de oro de Pakistán, milicia y turismo. ¡Menudos orígenes! Es fácilmente divisible en tres partes: el fuerte amurallado, la ciudad baja y la zona nueva.
La primera visita fue a la zona amurallada, que a diferencia de otras ciudades de Rajastán está habitada a día de hoy. Construida en piedra arenisca dorada, y calles estrechas para protegerse del sol, las fachadas están cuidadosamente talladas ya que es buen karma. Reseñables para ver de la fortaleza están los templos jainistas, que si bien son muy bonitos, no lucen al lado de Ranakpur. También se puede visitar el palacio Real, pero no pudimos disfrutar de la visita. A partir de esa hora empezó una masificacion absoluta de turismo indio que hacía imposible disfrutar nada. Los turistas, en su mayoría indios de clase media que habían venido a Jaisalmer a pasar sus vacaciones del Diwali, son ruidosos, sucios, maleducados (empujan, se cuelan, se tiran eructos y pedos, gritan…). Acabamos escapando de la ciudad alta sin ganas de volver a pisarla,lo cual es una pena porque el fuerte es muy bonito. Escapar en sí no fue fácil debido a la masificación, formábamos parte de una marea humana.

De allí fuimos al lago Garisar, descrito en todas partes como bucólico pero que en esta ocasión sólo resultó sucio y masificado.
Por la tarde la cosa fue mejor porque conseguimos escapar en cierta medida a las hordas. Aprovechamos para visitar la ciudad baja, incluyendo la calle del mercado, un antiguo haveli que hoy es tienda y, el más impresionante, Patwah Ki Haveli, la casa de un comerciante local de oro, plata y… Opio (vamos, la casa de un narco). La casa en sí merece mucho la pena la visita, ricamente decorada te permite entender la vida de Jaisalmer, al menos de los ricos. También nos explicaron algunas costumbres hindúes como que las mujeres nunca comen con el resto de la casa sino que esperan a que todos acaben, o que cocinan en ollas de hierro para ingerir más minerales.
Finalmente fuimos a los cenotafios de Bada Bagh. Aunque no están muy bien conservados si que tenían su encanto. Aquí por supuesto también nos pidieron fotos pero fueron un paso más allá, ¡sacandonos fotos a nosotros dos solos! Después de tanto turismo, nos dimos a la vida contemplativa. Desde el KB Café encontramos las mejores vistas del fuerte mientras tomamos un zumo y desde 1st Gate Home pudimos disfrutar de una rica comida vegetariana en un local chill out regentado por una italiana.
Mañana se acaba nuestra aventura por el Rajastán y tendremos todo el día de vuelo a Varanasi, la ciudad del Ganges. ¿Seguiremos siendo unas celebrities fuera de Rajestán?
