Melbourne
- lectura de 5 minutos - 949 palabrasMelbourne. Estamos alojados en un piso en un edificio feo pero muy bien situado entre Carlton y el Central Business District. Nos levantamos, como siempre, muy temprano y Ceci hizo el desayuno. Perdimos tres valiosos minutos buscando las llaves, que yo accidentalmente había tirado dentro de la lavadora. Había tour a las 10:30.
Lo primero que hicimos al salir de casa fue coger el coche para hacer un pequeño recorrido que a pie no podríamos hacer. Yo sabía que quería ver Kooyong, el Rod Laver Arena y Albert Park. Kooyong es el barrio donde están las casas más caras de Melbourne y también donde está el Kooyong Lawn Tennis Club, que es el club más exclusivo de Australia. Allí se jugaba el Open de Autralia hasta que en 1988 lo movieron a donde es ahora (el Rod Laver Arena e instalaciones aledañas). Todo Melbourne una vez salido del centro tiene una pinta muy buena, no es algo exclusivo del barrio de Kooyong, aunque sí que es muy agradable.
A la vuelta de Kooyong pasamos por Albert Park, que es un parque bonito y, sobre todo y por lo que lo quería ver, es porque es donde se hace el Gran Premio de Australia de fórmula uno que siempre inaugura el mundial. Tiene una muy buena vista del centro.

Y después de eso fuimos a devolver el coche porque, aunque lo teníamos hasta las cinco de la tarde, no lo íbamos a usar más. Eran las 10:30 pasadas cuando eso ocurrió. Pero tuvimos mucha suerte y no perdimos el tour, sólo la introducción del principio.
Nuestro guía en el tour fue Tom, un chico que estudió derecho (o no acabó, no lo tenemos claro porque nos perdimos el principio) pero que abandonó la práctica al pasar un tiempo en Alice Springs, sitio en el que se dio cuenta de lo mal que trataban las lesyes y la justicia a los aborígenes. Un guía muy ameno.
El tour empezaba en la State Library of Victoria, pasaba por la antigua prisión, parada en los Carlton Gardens (patrimonio de la humanidad), atravesó varias galerías (arcades) para acabar llegando a la Federation Square y terminar en el Hamer Hall con una preciosa vista del downtown de Melbourne y el río Yarra que atraviesa la ciudad. Como anécdota, el prisionero más joven de la cárcel de Melbourne fue un niño de 3 años arrestado por la ley de vagos y maleantes. El tour es altamente recomendable, a pesar de ser tres horas no resulta largo. De los sitios que yo tenía marcados como sitios que sí o sí hay que ver, el único por el que no pasó fue el Queen Victoria market, pero sí que lo mencionó y nos recomendó encarecidamente ir por nuestra cuenta.
En una de las paradas del tour comimos una especie de bocadillo hecho con pan de pita a base de calabaza, tomates secos y otras cosas: sorprendentemente bueno. Creemos que era griego. Melbourne es una ciudad de inmigrantes, por ejemplo aún hoy es la tercera ciudad griega por detrás de Atenas y Tesalónica, y eso se demuestra en su comida. Al no haber una comida australiana (y, añado yo, la del imperio británico ser tan horrorosa) hay muchos restaurantes de todo tipo, sobre todo asiáticos, pero también italianos, griegos e incluso españoles (he visto tres).

La tarde la dedicamos primero a subir al Eureka Skydeck y luego a ir de tiendas. El Eureka Skydeck está en lo alto del edificio más alto de Melbourne y tiene el observatorio más alto del hemisferio sur (no el edificio más alto en el que hay un observatiorio). Lo importante en cambio es que realmente está algo lejos visualmente de la zona de rascacielos de Melbourne y que, como es una ciudad plana y muy extensa, se ve realmente bien. Realmente recomiendo la visita.
Antes de ir de tiendas propiamente visitamos el Koorie Centre, donde aprendimos sobre cultura aborigen. Por ejemplo, el bumerán se usa para cazar pero no como uno pensaría. Se pone uno a lanzar bumeranes y eso asusta a los pájaros que, habiendo bumeranes, no vuelan; como se va en pareja, el otro se dedica a perseguir a los pájaros por tierra. También pasamos por las decepcionantes calles donde al parecer empezó el movimiento grafiti de Melbourne; mucho mejor en ese sentido otras zonas de Melbourne y, en cualquier caso, nada comparado con Bogotá.
Las tiendas de Melbourne bien: están todas las marcas. En Australia se compra como corresponde al país del primer mundo que es, los dependientes son amables pero no intrusivos, te dejan estar a tu aire por la tienda y, si, como me pasó, intentas comprar unos zapatos y no hay tu talla, no te intentan vender otra cosa. Conseguimos lo que queríamos justo al final: un gorro para Ceci (y alguna cosa más), no vaya a ser que haga frío en Uluru.

Compramos también chuches en una tienda en la que tenían el lugar de fabricación de cada una de sus chucherías, entre ellas, ladrillos de España. Así que hemos visto aceite de oliva, ajo y ladrillos. Eso es lo que llega a las antípodas. Lo que más le gustó a Ceci de la tienda de chuches fue el dispensador de pica-pica.
Para cenar he cocinado yo. Un revuelto de setas y verduras que ha salido muy bueno y una carne que, como parecía, no era la mejor.
Mañana iremos a Saint Kilda, el barrio veraniego de Melbourne (así que suponemos que no estará muy animado) para luego por la tarde ir a comer o cenar a Carlton y tomar algo en los rooftop bars (Naked Satan parece según la guía y el guía el mejor).