Los Grampians
- lectura de 2 minutos - 375 palabrasHoy empieza nuestra aventura, definiendo como aventura el conducir a nuestro aire. Lo primero de todo, descubrir que gracias al frío de ayer y antes de ayer, estamos los dos resfriados y somos los principales productores de mocos del país.
Primero recogimos el coche misterioso en Hertz. Claudio había reservado una opción que era la de “mistery car” donde no sabíamos que coche llevábamos. Nos ha tocado un Volkswagen Touran con el que Claudio está encantado. Se sincroniza con el móvil y llevamos el GPS y spotify integrados.
Claudio se ha adaptado rápidamente a la conducción por la izquierda y lo más llamativo, a cumplir escrupulosamente los límites de velocidad. En Australia el límite es prácticamente siempre 100, ya sea una carretera malísima o la autopista. Ningún conductor rebasa los límites, igual que es raro ver a un australiano cruzar en rojo o tirar un papel al suelo. Está todo impoluto.
El viaje en sí hacia los Grampians ha sido muy bonito. Una gran llanura en la que alternan campos verdes y amarillos. En esta zona del país se cultiva mucha colza, que da ese toque amarillo tan bonito.

Hicimos una parada improvisada para comer en Nhill. En palabras de Claudio, una estación de servicio con casas pero muy cuidadas y limpias. Agradecimos además, un pequeño parque donde pudimos parar a hacer un mini picnic, al sol. Sin jersey.
Finalmente llegamos a los Grampians, impresionantes. Hicimos el check-in en nuestro hotel (Motor View Inn hotel) donde el señor que nos atendió nos indicó las rutas que podíamos hacer por la zona y nos regaló una botella de vino blanco por ser nuestra luna de miel.
Aprovechamos para acercarnos a los miradores más accesibles, dado que estamos medio malos y teníamos pocas horas de sol para aprovechar.
McKenzie Falls, The Balconies, Reids Lookout y Boroka Lookout. A esos cuatro sitios fuimos. Y los cuatro increíbles; no es tanto la belleza de las montañas en sí como la amplitud de los valles y, en el caso de Boroka, la gran llanura que se ve.

Cenamos en The Views. Un restaurante elegante de la zona, aunque la decoración podría ser la de restaurante de aeropuerto. Claudio probó un plato de kanguro, cocodrilo y emú que estaba muy bueno.