Kampot
- lectura de 7 minutos - 1312 palabrasAyer nos acostamos a las mil buscando por Internet el teléfono de alguna compañía que nos llevase a hacer un tour por la selva. Después de haber hablado con los del primer grupo de médicos nos dimos cuenta que nos apetecía más pasear por allí aunque fuese sólo un día, que ver los campos de pimienta de Kampot.
La primera llamada no funcionó porque la compañía cerraba los lunes, pero sí la segunda. El señor Tun, que lleva la Orchid Guesthouse (teléfono: 092-226996, 033-210131) nos dijo que quedaban plazas para el tour del Bokor y aunque llegásemos un poco más tarde de la hora habitual de salida, nos esperaban. Así pues, cogimos un tuktuk por 3USD que nos llevó hasta la puerta del Guesthouse en media hora. Aprovechamos en nuestro recorrido para tragar mucho polvo, temer por nuestras vidas al llegar a la zona de gravilla suelta y finalmente apreciar la ciudad de Kampot, que es preciosa. Es una pena que no le hayamos podido dedicar más tiempo, a diferencia de otros sitios que habíamos visto en Camboya, aquí hay construcciones bonitas y se ve que hay más dinero. “Aquí vendría yo a jubilarme”, dijo Diego.
La verdad que esta mañana ha sido un poco rara, primero porque al ir a pagar, Cris y Diego se encontraron con que la habitación valía 15 dólares menos de lo previsto, ¡hemos dormido por 3€ cada uno! ¡más barato que el desayuno!. Llegamos en taxi a Kampot con nuestras mochilas y nos dejaron en el Orchid Guesthouse. Por lo que pudimos ver, hay toda una calle de albergues que organizan los mismos tours, así que si no es con uno, se puede organizar con otro. Nosotros de todas formas recomendamos al señor Tun porque consiguió hacérnoslo a medida.
Según llegamos nos recibió el dueño, nos dijo que dejásemos nuestras mochilas en recepción y nos llevó a pagar el tour. Al preguntarle si bajaba por la selva (se lo pregunté porque había leído en algunos blogs que ya no se puede caminar por ella a no ser que sobornes a un guardia forestal), nos dijo que no, que estaba prohibido y que el tour era sólo del Bokor. Le dijimos entonces que no estábamos interesados, que preferíamos ver los campos de pimienta típicos de la zona que subir al pueblo fantasma francés pero el tour de la pimienta estaba completo y además es que… ¡era en Kep! Resulta que los tours de la pimienta de Kampot se hacen en Kep, un sinsentido absoluto. Al final el señor Tun lo arregló todo, un guarda al que sobornamos por 30 dólares para que nos bajara andando desde el Bokor a Kampot a través de la selva (el tour del Bokor eran 13 y nosotros pagamos 23 cada uno), un taxi comunitario que nos recogería a la vuelta de la excursión para llevarnos a Sihanoukville y un lugar donde dejar nuestras maletas mientras hacíamos el recorrido. Creo que es el Camboyano con más iniciativa que he visto en todo el viaje.
Dicho esto, nos pusimos rumbo al Bokor. Para poneros en situación, Bokor Hill es un pueblo fantasma francés en el Preah Monivog National Park, en la base de los montes Cardamomos (uno de los territorios de selva más grandes de toda Asia). Fue construido en la época colonial, elegido por su ubicación, vistas espectaculares y veranos más frescos dada su altitud. A parte de los bosques que miran hacia el Golfo de Tailandia, las montañas están pobladas por todo tipo de animales: elefantes asiáticos, tigres, leopardos, cerdos, gibones y multitud de especies de pájaros. Para verlos uno tiene que adentrarse varios días en la selva, no vale con los tours que se puedan hacer desde la carretera.
El pueblo fue abandonado en dos ocasiones, tras la independencia de Francia (1945), luego fue reocupada por camboyanos y abandonada de nuevo durante la guerra civil (1975). Aquí hay una muestra de cómo el bosque se está comiendo el pueblo.
El Bokor: vistas y casino.
Aquí vinimos a comer, la cascada con agua tiene que ser impresionante:
Fin de recorrido, el recorrido habitual incluía bajada a kampot y un tour por el río en barca para ver el atardecer. Nosotros no teníamos tiempo y además habíamos contratado la bajada a través de la selva, así que a mitad de la bajada, el minibús se paró en el arcén y nos bajamos. Allí nos esperaba el Guardia Forestal al que habíamos sobornado, en chanclas y con los cascos puestos y el MP3 a tope. Ni nos presentamos, hizo un gesto y saltamos el guardarraíl para seguirlo y bajar selva a través como quien dice.
La bajada se hizo complicada, con el guía que bajaba lanzado a pesar de ir en chanclas y nosotros intentando darle caza sin el mejor equipamiento (Diego en victorias, Cris con los pantalones de tiro bajo que no le permitían saltar árboles). Fue una pena que no pudiésemos disfrutar más de la bajada con tanta prisa, aunque aún así mereció la pena meterse por ahí. Animales no vimos muchos, pero sí plantas varias y pimienta en algunos árboles.
Un par de imágenes de la bajada por la selva:
Aquí os dejo unas imágenes de la salida de la selva.
Como se ve en las fotos, tras el descenso de 2:30h el paisaje cambió por completo volviéndose mucho más seco. Apenas andamos unos 10 minutos cuando nos recogió el conductor del minibus, que nos devolvió al Guesthouse donde el señor Tun había detenido a la Van que nos llevaría a Sihanoukville. Así que al final fuimos en Van espaciados en vez de todos apretados en taxi (cosa que agradecimos con la sudada que llevamos). En la van nos pasó algo de lo más curioso: ¡coincidimos con Juan Espinosa!, un chico del que nos habían hablado en la ONG, que era de Vigo y se había venido también a Camboya de viaje tras el MIR. ¡Qué casualidad! Al llegar a Sihanoukville nos separamos, pero quedamos en llamarnos si salíamos de fiesta después de la cena. Nosotros dimos bastantes vueltas para encontrar el hotel, en parte porque paramos en un supermercado para buscar comida que llevar a Koh Rong (nos habían dicho que en la isla era todo muy caro) aunque al final no compramos nada porque estaba todo con precio para occidentales. Dejamos las cosas en nuestro hotel, el Sunday Guesthouse. Está un poco a desmano, pasado el casino de Sihanoukville pero por el precio que pagamos y para lo que lo queremos está más que de sobra. Salimos a sacar los billetes para el barco que nos pasaría a Koh Rong al día siguiente. Hay barcos lentos por 20USD ida y vuelta o uno rápido que tarda 40 minutos por 30 (el que cogimos nosotros). De Sihanoukville a Koh Rong salen a las 8:30, 11:30 y 2:30. Siguiendo la recomendación de la guía, fuimos hasta la playa a cenar en uno de los múltiples chiringuitos. Son todos iguales y ofrecen lo mismo, así que mi única recomendación es que se regatee el menú, ya que todos lo pueden bajar a 3USD por cabeza. Tras la cena nos volvimos a encontrar con Juan Espinosa y decidimos explorar un poco la famosa fiesta local. En mi opinión está completamente sobrevalorado. NO había tanta fiesta (igual porque era entre semana) y la poca que había era realmente asquerosa. En un intento de emular a Tailandia se habían quedado en una versión cutre, todos los chicos de esteroides hasta arriba, un montón de blancos pasados de rosca disfrutando del patio de recreo del vecino pobre. Sé que sueno algo amarga, pero el ver a un montón de blancos viejos buscar los favores de jovencitas camboyanas me resultó bastante indigesto y me amargó el resto de la noche. Resulta difícil pasárselo bien con ese cargo de conciencia.